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Hola qué Talca, cómo andamios

Eindhoven (1/3)

Publicado el — Jan 3, 2016

Me encuentro en el aeropuerto de Río de Janeiro escribiendo la primera parte de esta nueva aventura. Llevo más de 24 horas viajando desde Amsterdam y todavía me quedan unas 12 horas más, así que este ha sido el viaje peor planificado de la existencia de este blog (lo cual no es mucho decir, pero ustedes ya saben toda la cosa). También, dándole vueltas al asunto, se está en cierta forma cumpliendo una de las profecías inventadas hace años atrás: viajar de aeropuerto en aeropuerto escribiendo historias absurdas. Por algo se parte.

Pero obvio, como en el internet nadie sabe que eres un caballo, ese párrafo lo escribí hace como 2 meses, y recién ahora estoy retomando este texto para publicarlo.

Postulé hace un par de meses a una escuela de invierno (y workshop asociado, WAW 2015 Workshop on Algorithms and models for the Web-graph), en la ciudad de Eindhoven, en Holanda (o Países Bajos). Como podrá suponer, me aceptaron la postulación con un consiguiente viático para viajar. Eso, más lo que mi advisor del doctorado (cierto! el doctorado!!! D:) me dio como viático para la estadía durante la escuela y el workshop en el mismo lugar. Con eso, más un par de tarjetas de crédito reventadas, logré viajar hasta, y estar en, Holanda. Esta trilogía consiste en mis particulares aventuras en este particular país, en las tres ciudades principales en las que anduve: Eindhoven, Rotterdam, y Amsterdam.

Esta primera parte es sobre Rotterdam.

“¡Ah! Eso explica ese misterioso viaje a Holanda…”

(Jaja, obvio que no, esta parte es sobre Eindhoven. No sea leso, o lesa, na.)

Primero que nada, debo mencionar varias generalidades de Holanda. Bicicletas por todas partes, todas todas partes. Otra cosa, hay más bicicletas que la cresta. Finalmente, el país está hecho para las bicicletas. Y los trenes. Así que de acuerdo a la mitología urbanística inventada por mi, no sólo existen pedestrians y cars, sino también existen los misteriosos y abundantes cyclists por estos lados.

Uno de los tantos estacionamientos en TU/e.

Llegar a Holanda no fue fácil. Partí en Santiago, tomando un vuelo de como cuatro horas hasta Sao Paulo. Tres horas después, de Sao Paulo a Zurich. Finalmente, once horas después, de Zurich a Amsterdam. Y para finalizar más, de Amsterdam tuve que tomar un tren hasta Eindhoven.

El aeropuerto de Sao Paulo. Hacía un calor de los mil demonios.

Los trenes son muy especiales. Son demasiado puntuales. **Demasiado. **Si la pantalla de información dice que el tren llega a las 4:21pm, a las 4:21pm llega. Se pueden comprar los tickets para viajar en una ventanilla o en unas maquinitas las cuales imprimen una especie de “tarjeta bip” de papel. La estación central de Amsterdam (Amsterdam Centraal) es enorme. Como 20 andenes, y en cada andén puede haber más de un tren con destinos diferentes. Y se hace check-in y check-out con el ticket (al entrar y al salir de la zona de los andenes). Sólo en Rotterdam me tocó que los torniquetes eran eso: torniquetes. En todas las demás partes, no había nada que me impidiera el camino y me subiera a un tren sin ticket. Más de eso luego.

Esta foto fue tomada a las 16:15 hrs. Sí, ya estaba terrible oscuro y siniestro.

Luego es ahora. Ya una vez arriba del tren de Amsterdam Centraal a Eindhoven, se subió el sapo de las micros, versión holandesa, que fue a revisar que la gente tuviera su ticket en el viaje y en la clase que le corresponde (primera o segunda clase). Una señora cerca de donde yo estaba no tenía su ticket. Como yo se que usted es un suspicaz, ingenioso y rápido lector (por no decir flaite), se imaginará que a la pobre señora la colgaron en la plaza pública y la apedrearon con rocas clase holandesa por no tener su ticket. Pero, ¡no! el guardia se sentó tranquilamente frente a la señora y le explicó en tono muy empático que tenía que pagar una multa de 35 euros por no tener el ticket. Todo tan tranquilo que hasta yo tenía ganas de pararme e ir a pegarle a la pobre evasora (accidental o no), siguiendo la cultura chilena de criminalizar, y hacerse el weón cuando a uno le pasa. En Chile criminalizamos hasta a una niña de 4 años por pegarle en el tobillo a alguien con un auto de juguete, así de idiotas somos.

Ahora, todo esto pasó en holandés, así que pude haberme estado imaginando todo esto. O todo el párrafo anterior lo pude haber inventado desde el comienzo.

Bueno, me alargué mucho hablando de trenes. Vamos a lo nuestro. La escuela de invierno se trató principalmente de teoría de grafos, enfocada a modelos de grafos aleatorios, diseño de experimentos controlados sobre grafos (como redes sociales), y algoritmos eficientes sobre modelos. Muchas cosas que no entendí para nada, pero al menos si ahora escucho esos términos ya no me serán tan extraños, y al menos ya se para qué se ocupan (creo). Fue todo muy bonito. La recepción de la escuela fue en el mismo edificio, y a diferencia de otras recepciones, donde sólo hay cafecito y galletas, acá había cerveza. Otro planeta.

La sala MF12 y MF13. El reloj análogo del fondo de la sala estaba perfectamente sincronizado con el de la otra sala.

Hablando sobre el lugar, todo esto ocurrió en la De Technische Universiteit Eindhoven (TU/e), en particular, en el instituto Eurandom, y edificio Metaforum (cáchate los nombrecitos: en la Chile tenemos el edificio “Poniente” y las salas “B”), con toda una tradición en estadística y ciencia de la computación. Los baños tenían rollos de toallas en vez de rollos de papel para secarse las manos.

Eurandom.

TU/e. Nunca supe si ese camino era para bicicletas o para pedestrians.

Eindhoven es una ciudad chica. En un par de días uno puede recorrer todos los puntos de interés de la ciudad. Algunos de estos lugares son Strijp-S (la zona artística/sobre el diseño de Eindhoven, más de esto luego), un parque memorial de Ana Frank (que me contaron que de noche lo usan para recordar otras cosas), el museo Philips y creo que eso es todo.

Espera, dijiste Philips? Si po, yo mismo estoy escribiendo. Sí, señor, señora, señorita o señorito, Philips, la marca de audífonos de dudosa calidad. Philips fue fundada en Eindhoven en los años 80′s, y gracias a ella es que la ciudad (re)surgió como centro industrial hasta el último tiempo, donde logró reinventarse como centro del arte y del diseño (mundial).

Una estatua de Philips cuando jugaba a la pelota por la junta de vecinos.

Es por esto que ciertas zonas de Eindhoven tienen una arquitectura un tanto industrial, muy diferente a Rotterdam y a Amsterdam, cuya historia mencionaré brevemente en su momento. Según me contaron, en Eindhoven la situación era algo así: el alcalde veía que necesitaban un estadio, entonces iban donde el señor Philips y le decía “la gente quiere un estadio”, y el señor Philips le respondía “toma dinero! haz un estadio”. Y así con todo. En cierto sentido me recuerda al Mr. William Clark de Pampa Ilusión. Es como si Héctor Noguera hiciera de alcalde de Sucupira y a la vez del dueño de Pampa Ilusión en mi imaginación. Re loco.

La versión chilena de Frederik Philips.

Acerca del diseño, Eindhoven se ha situado como un “líder” en este sentido. Cada dos años celebran el STRP (Dutch Design Week), donde mezclan arte, diseño, música y tecnología. Se imaginan un MIM + Makers + Arte + Tecnología, pero mil veces todo junto? Yo no puedo. Se supone que el diseño está incorporado incluso en las decisiones políticas locales (creo que existe una asesora creativa en Eindhoven), sobre cómo se puede hacer más fácil la vida de la gente. Tal vez fueron pequeños detalles, o cosas tan obvias que las pasé por alto (y he ahí su efectividad), pero no pude ver algo como lo que me imaginaba al escuchar esas palabras. Al parecer se quiere expandir este experimento a todo Holanda.

El lugar donde me estuve quedando no podía ser mejor. La dueña de casa, Nicoline, era una experta cocinera. Sus desayunos eran muucho mejores que los míos: aparte del jugo de naranja, y el café, siempre servía un plato con fruta surtida y hacía unos huevos revueltos con muchas cosas: tocino, champiñones, mariscos, etc. Además, había una cosa que al parecer los holandeses le echan tradicionalmente al pan: chispas de azúcar o de chocolate. Sí, al pan. La mezcla era un poco extraña, pero estaba rico. Ah sus gatos, Choco y Flippy, eran muy simpáticos.

Nicoline y Choco, el gato.

En la casa también se estaba quedando Antonio, un español que estaba haciendo una pasantía por su doctorado en TU/e (creo). Un día, unos estudiantes de Italia (dos españoles, Anna y Marcos y un italiano, Lorenzo) se fueron a quedar un día a Eindhoven y fuimos a conocer la ciudad (Strijp-S y el parque donde estaba el memorial a Ana Frank).

Marcos, Anna, y Lorenzo. Buena onda los cabros. Esa foto fue cuando fuimos a jugar bolos holandeses y uno hizo chuza.

Strijp-S es como una zona ex-industrial con museos, talleres y zonas de skate. Al parecer, la Dutch Design Week se hace en esa zona.

¿Dónde lo venden?


Para terminar, ya que hubo tantas cosas llamativas que difícilmente puedo escoger una cosa y usarla del típico “Bonus track” de estos posts, mencionaré que uno de los días que estuve en Eindhoven, una de mis bandas favoritas, Gamma Ray, dio un concierto en Tilburg, una ciudad ubicada a 20 minutos en tren de Eindhoven. Así que me lancé y fui al concierto. Fue la mejor decisión de la vida.

Primero: la facilidad para comprar los tickets. Algo que puede parecer tan obvio, pero que en Chile no tengo idea por qué no lo es, es que compras el ticket por internet y ya está, sólo muestras el celular con el código correspondiente. Pero no, en Chile tienes que comprar por internet en una página pobremente diseñada, insegura y mal hecha (sí, te hablo a ti, ticketek), donde además tienes que ir a buscar la entrada física a un lugar de Santiago, y más encima te cobran por hacer eso, sin contar que igual te cobran cargo por servicio, ¿¡QUÉ SERVICIO!? argh, me enojé. Bueno. continúo.

Segundo: el local es otro mundo. Nadie me revisó la mochila ni me trató como animal tratando de pasar por un aeropuerto en EE.UU., sino que fue todo tan expedito que casi instintivamente me vaciaba los bolsillos y le escribía una declaración jurada al que estaba en la puerta que no traía nada “peligroso” (como un clip o un mondadientes). El local tenía lockers para dejar las mochilas/chaquetas (ya que es común que el exterior esté frío y que el interior de todos los lugares esté muy temperado). No había filas infinitas, ni montones de gente amontonadas queriendo pasar. No, todo el mundo estaba tranquilo, bien disperso y contento. Hasta había un bar donde uno se podía servir un copete antes o durante el concierto. (Igual era super caro, pero estaba la opción… que no desaproveché.)

¿Dónde están los guardias mirándonos feo?

El lector se podrá cuestionar entonces, “ah, pero entonces el público era adinerado/hipster/gente normal” (el concierto era de Power/Heavy Metal). Pues no! La mayoría estaban vestidos de la típica forma en que los metaleros se visten (por muy “anti-moda” que sean, admítanlo, vestirse así también es pertenecer a un cierto grupo específico de vestimenta y apariencia), y más aun, ya que estos eran europeos, había de esos tipos que parecen vikingos de 3 metros de alto con barbas de 1 metro. También habían abuelitos y hasta una niña muy chica, de unos 8 años, que estuvo viendo a uno de los teloneros, que de paso le regalaron la baqueta :-). Los teloneros fueron Neonfly y Serious Black.

Neonfly y Serious Black.

Tercero, o cuarto, el sonido. OMG. OMG. El mejor concierto al que he ido en la vida. Sonaba espectacular. No se saturaba el sonido al tener muchos instrumentos a la vez (dos guitarras, bajo, batería, teclados, voz): si el guitarrista estaba a la derecha del escenario, desde la derecha del escenario venía el sonido. Los solos se distinguían. Sonaba demasiado bien. Punto aparte es que la banda a la que fui a ver (Gamma Ray) hizo unos cambios desde la última vez que los vi: contrataron a un segundo vocalista que reemplazaría a Kai Hansen (vocalista, guitarrista y compositor) en las voces en ciertos momentos, lo que le daba a éste más libertad en el escenario. Y se notó: hizo más y mejores solos. Y como tenían a otro vocalista en mejores condiciones, tocaron temas (aunque hayan sido sólo parte de un medley) que no habían tocado hace muchos años (Heading For Tomorrow, Ride the Sky…).

Secos.

¿Y el precio? La entrada me costó más barato que lo que costaba la misma entrada en Chile. Igual se explica un poco por la lejanía, pero bueno…

Esto lo valió.

Ya, sí hay bonus track: No se qué pensar de esto…